Antes de nada, deciros que utilizaré indistintamente el masculino y el femenino para hablar de la generalidad (chicos y chicas). De esta manera, no tengo que usar el @ todo el tiempo o andar poniendo los dos géneros, algo que retrasa la lectura y la vuelve farragosa. ¡Gracias!

¡Buenos días, amig@s! ¿No os ha pasado (u os pasa) que frente a varias personas que piensan una cosa tú piensas la contraria pero no lo dices? ¿Cuál puede ser el motivo, os habéis parado a pensarlo? Falta de autoestima (si todos opinan lo contrario que yo será que yo estoy equivocada), miedo al ridículo (mira que si lo digo y me equivoco…), necesidad de no ser el elemento discordante o el centro de atención (sé que no estoy equivocada pero, si hablo, todos me mirarán a mí y me pedirán explicaciones), necesidad de pertenecer al grupo (si parece que pienso como los demás será más fácil que me acepten)… ¿Un poco de todo? Desde que somos pequeños se nos enseña (de forma directa o indirecta) a no destacar del resto: te visten con lo que se lleva, si eres listo te dicen que lo aproveches pero que no se te note, si te gusta poco salir te empujan a salir más para no quedarte sin amigos… Y esas son las cosas que, normalmente, hacen los padres y siempre desde el amor y el miedo que les produce que puedas sentirte solo o excluido. Luego hay otras facetas de la vida donde también se te insta, de forma mucho más sutil, a que no destaques, por ejemplo en los coles. Cada vez hay más maestras y profesores que se van saliendo de esta línea y colegios e institutos que también procuran apartarse del camino en el que los alumnos son meros oyentes para convertirlos en partícipes activos de la experiencia del proceso de enseñanza – aprendizaje, sin embargo y por desgracia, la generalidad (al menos en nuestro país) es que se trabaja poco en grupos cooperativos, se hacen pocas actividades orales en las que el alumno tenga que salir al centro de la clase a expresar su opinión sobre algo o a explicar algún tema, hay pocos debates, apenas se trabaja por proyectos… En fin, que es difícil para una alumna destacar si no es a través de las notas del examen o de la entrega de deberes realizados. Y, ¿a qué nos lleva esto? A que se vea con mala cara por parte de los demás alumnos que uno destaque. Hay pocas muchachas que tengan la suficiente confianza en sí mismas como para levantar la mano cada vez que saben una respuesta o, incluso, para contradecir al profesor si no piensan igual que él en algún tema. La mayoría de las veces, ser diferente del resto causa rechazo y destacar gracias a habilidades o virtudes o aptitudes personales que están por encima de las del resto genera envidia. La sociedad en la que vivimos nos enseña a desear lo que tienen otros, pero no nos enseña a beneficiarnos de su compañía, de su saber, a crecer como personas gracias a las cualidades del que tenemos al lado. En muchas ocasiones somos incapaces de acercarnos a las personas que sabemos con certeza que pueden aportar algo positivo a nuestra vida o de las que podemos aprender a ser mejores. No nos centramos en superarnos a nosotros mismos sino en superar a los demás y esto puede generarnos, y de hecho nos genera, frustración, incapacidad, baja autoestima, ira… Emociones y sentimientos negativos que nos convertirán en personas infelices, sin nada positivo que aportar a la sociedad para mejorarla y sí para corromperla y volverla en contra de sí misma. Todos somos buenos en algo y siempre hay algo que aportar, siempre. La singularidad del ser humano es lo que lo hace precioso y lo que nos permite complementarnos y completarnos. El pensamiento constructivo y el elogio ayudan a construir una sociedad, el pensamiento destructivo y la envidia socaban sus cimientos hasta que cae.

Aquí os dejo el enlace al artículo de EL PAÍS donde se habla del tema y se concreta sobre la envidia y qué es el síndrome de Solomon. Es muy interesante. El vídeo también ilustra muy bien el hecho de no querer destacar en un grupo y el beneficio de, no solo tener nuestra propia voz sino de ser capaces de usarla en nuestro beneficio y en el de los demás.

Y termino con una frase que ilustra perfectamente cómo nos sentimos en ocasiones y qué debemos pensar al respecto: “Y si no puedo hacerlo…” “Confía en que podrás. Hasta la luz más débil brilla en la oscuridad”. (Los seis signos de la luz de Susan Cooper)

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Patricia

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