¡Buenas tardes, amig@s! Siempre me ha parecido que hablar de escuela y comunidad educativa como una sola cosa (entendiendo por comunidad educativa al conjunto que formamos padres, madres y vecinos, es decir, todas aquellas personas que tienen la posibilidad de enseñar algo, pero que no forman parte de la escuela como institución) era un poco una utopía y más si hablamos de pedagogías y metodologías (maneras de enseñar) alternativas. Parece que la escuela pública está a cien años luz de alcanzar ese tipo de enseñanza a causa de todas las leyes y normas que la encorsetan. Pero resulta que hay escuelas públicas que han conseguido llegar donde parecía imposible y aquí os presento a una de ellas.

La página Esto No Es Una Escuela publica una entrevista a dos maestras de Congrés-Indians, “una escuela pública de educación viva y activa en Barcelona, basada en el cuidado de todas las personas que forman la comunidad educativa. Una escuela que rebosa ilusión desde que abrió sus puertas en septiembre de 2010 con cincuenta niñas y niños. Sus fundadoras, entre ellas Isabel Rodríguez y Desirée Hortigón, entienden este lugar como un organismo vivo, un espacio de convivencia y de intercambio relacional donde están en equilibrio la pedagogía de las emociones y el aprendizaje intelectual.

La escuela proporciona un ambiente rico en materiales, donde los niños se sienten emocionalmente seguros y pueden gestionar sus tiempos y sus actividades asistidos por las maestras, lo que impulsa su creatividad, su sentimiento de confianza y el desarrollo de todo su potencial humano.

En la escuela las familias son siempre bienvenidas, cuentan con un espacio propio y se facilita que participen y se impliquen cotidianamente, aceptándolas como parte esencial del proyecto educativo.” Podéis leer la entrevista pinchando aquí 

Así deberían ser todas las escuelas o así se les debería permitir ser. Ahora, viendo esto, es evidente que puede hacerse, pero no es fácil y en muchos sitios si no te ponen trabas las autoridades competentes, te las ponen los propios padres, cuando no es la escuela la que no quiere meterse en jaleos. Han de alinearse muchos astros para que un proyecto así salga adelante, pero, ¿no os gustaría? No creo que mis hijos lo vean, sin embargo, tengo la esperanza de que generaciones futuras de niños y niñas puedan llegar a vivir una educación como esa y no solo en los colegios, también en los institutos. Que los adolescentes estén deseosos de ir cada mañana a aprender y que los profesores y profesoras estén encantados de recibirles es algo que espero que algún día suceda y no hablo de casos puntuales (esos ya los tenemos) sino de que sea algo que podamos generalizar.

Si queréis conocer más escuelas públicas que han logrado dejar atrás la educación clásica o que están luchando por hacerlo, pinchad aquí.

Todavía hay esperanza. Lucharemos porque ese sueño se convierta en realidad también cerca de casa. ¡Nos vemos!

Patricia

Patricia

Secretaria

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